
Todavía retumba en mi cabeza la conversación con aquella estúpida mujer. Pinches cabrones. No se qué interés tiene todo el mundo en venirme a relatar las infidelidades de Diego. Tuve que contenerme para que mi cara no cambiara, y seguir haciendo lo que me ocupaba, como si nada.
Quizá esperen oír de mí lamentos de lo mucho que se sufre viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr...
No hay comentarios:
Publicar un comentario