
Pronto, todo eso daría igual. La Señora Xoc sabía que le quedaba poco tiempo de vida, y lo importante era perpetuar el poder de su pueblo con la ayuda de sus aliados de Bonampak, y sobrevivir a los ataques del reino de Lacanjá. Con la ayuda de Chak, Dios de la Lluvia, su pueblo no pasaría hambre. Y la Ceremonia de la Visíón de la Serpiente, en la que Xoc se autosacrificaría atravesándose la lengua para ofrecer su sangre al Dios Sol, fortalecería a éste en su viaje a través del Inframundo. Ella sabía que éste vencería a los monstruos que allí se escondían, para renacer de nuevo por la mañana, atravesar el mundo y reunirse con los dioses del Supramundo.
Mientras tanto, rodeada de vapor, recordaba a su querido esposo. Pronto se reuniría con él...